Noto el abismo rotando sobre mí.
El ojo de un huracán destroza en pedazos el poco caos que me quedaba en pie, mientras el mundo se desvanece en un agujero negro, para desaparecer, en un inmundo ombligo, cicatriz erótica del inicio del sufrimiento y recuerdo sangriento del primer trauma post-fetal.
Larvas blanquecinas y purulentas se alimentan de todo lo que veo, se lo comen por dentro y lo putrefactan, dejando tras de si un gelatinoso y ruidoso rastro.
La sensación de derrota invade cada milímetro de mi piel. Todo esta perdido, y se va por el retrete. No queda ninguna esperanza, ni ningún musculoso héroe de Hollywood para salvarnos con un tremendo armamento fálico.
Esta vez el enemigo no existe, nos carcome por dentro y vomita nuestros sesos porque le saben mal, no los puede digerir, pero sigue tragando y destrozando, consumido por sus propios actos y ansias, derrotado por el mono de la drogaina de la propia destrucción, llevado por un bulímico hambre insaciable.
Nos creemos invencibles y eternos, seres todopoderosos que llegaran al entendimiento infinito, pero no somos más que la metralla humeante de una explosión descomunal. El final del cuento se acerca y la nieve se refleja en nuestros ojos vítreos y vacíos al mirar en un espejo una imagen que nunca existió.
Dios nos abandono a nuestra suerte en un universo que se mueve lentamente hacia su propia muerte y colapso, mientras nosotros vagabundeamos entre sueños rotos, cucarachas y rancios olores de soledad. Y nuestra carne se pudre, y nuestros pensamientos fluyen hacia la nada y nuestra vida se apaga lentamente, mientras vemos el fuego arder en medio de la oscuridad que nos rodea, y de la que nunca lograremos salir. Mientras nuestra carne sigue pudriéndose como se pudría antes.
Nuestra alma parece una sabana llena de jirones, que con silencio fantasmal se separa viscosa y dolorosamente de nuestra sangre. Somos cada vez más, clones industriales salidos de una pesadilla de Philp k, Dick, que practicamos un feroz canibalismo social y avanzamos sin más motivación que dejarnos absorber por el torbellino y disfrutar del viaje al inframundo de heces estandarizadas y computadas.
Nuestra sociedad carece de vida, y la nada lo impregna todo con su aséptica alma de no-existencia, la vida nos castiga con la soledad acompañada y la nada existente, porque la nada autentica no la comprenderemos jamás. En esa nada se cimientan las paredes de la más horrible prisión, en un laberinto de lamentos y odio en que nos adentramos voluntaria y descerebradamente día a día, como las ovejas van al matadero, como los lemmings caen al mar.
Espinas y cadenas se entrelazan sangrientamente en mis manos y me impiden volar.
¿Desmembrarse para ser libre o seguir sangrando esclavo de tu piel? Las dos opciones no llevan a nada, aunque quizás esa sea la solución, la nada.
La misantropía, es la amargura del amor perdido a una vida que te engaño con tú mejor amigo después de haberla amado demasiado.
Los pensadores nihilistas me levantan la moral, y lamento el pesimismo pero los lobos solitarios salimos a aullar en las noches de luna llena.