Extrapolando el tiempo como ejemplo de líquido natatorio, fluyendo placenteramente tal y como procede para la dimensión inabarcable e inconmensurable, intento abstraerme, sabiéndome parte de las hojas que se pudren en el suelo del hayedo, y observo cauteloso los movimientos del enjambre.
No me interesa saber de quien son esos pechos operados, no me interesa saber si en el país de Oz a los caniches millonarios de las señoras infajables con monóculo les pintan las uñas unos niños somalíes con los ojos llenos de moscas, si un semidiós normando vende camisetas de su culto en un todo a cien chino, no me interesa, y como nadie me obliga a saberlo, no lo sé, y por eso, cada vez sé menos como se ha de actuar, no me logro entender entre los excesos verbales de moda, ni dedico tiempo a la aberración genocida del control mental que avanzó Cronenberg en Videodrome, a la deshumanización del humano que predecía Blade Runner, al Gran Hermano de Orwell que se hace realidad. Esa misma deshumanización y soledad que refleja Lost in translation.
Mientras parturientas de lujo dan a luz niños preparados para la jubilación, mientras ángeles de hueso vestidos para la ocasión desangran sus alas cortadas sobre un puente que se resquebraja, mientras los sementales satíricos dejan su infecta semilla en nuestras mentes, mientras una nube que no sabe volar hace juicio de valor de nuestras vidas y ríe, burlona, nuestra ignorancia, nosotros miramos, aplaudimos y jadeamos como mandriles sobre sus traseros orondos, rosados y agresivos.
Ya hace que dejamos de cultivar el jardín de rosas, hace ya que perdimos el mapa del tesoro enterrado en una isla atemporal y desde luego que hace mucho ya que el bueno y el malo son uno mismo. Ahora nos dedicamos a vagar por las calles mientras callan las sombras a nuestro paso y meamos las esquinas como perros sin hogar. Las aceras sangran oro y botellas rotas, cartones de vino malo se derraman y el humo no te deja ver el faro. Bajas la mirada, menos por menos nunca será más, ya sabes que los perdedores nunca ganan.
Nuestro paso por el mundo pasa a ser el arder de una cerilla, fogosa en un inicio, pero luego comprende que su único fin era prender algo, transmitir su energía y crear un renglón en el caos ordenado. Si ha sido prendida al viento lo único que dejara tras de si son unos restos carbonizados e inútiles.
La nada, bella, inconmensurable e inútil, contenido de cajas de secretos, dios judaico venido a menos, lo único que nunca se puede perder y recurso inagotable para la escritura del que aquí firma.
Si alguien me pregunta: ¿de que hablas? de nada.