Parte de una escena de Fresas salvajes de Ingmar Bergman
-...es absurdo vivir en el mundo y más absurdo todavía poblarlo con nuevos desgraciados y lo más absurdo es creer que ellos serán más felices.
-Eso son palabras
-Como quieras, yo mismo fui un hijo no muy bien recibido en una familia que era una imagen del infierno. ¿Está completamente seguro el viejo que yo soy hijo suyo?
- Sí, todo eso es muy emocionante, pero no es excusa para que te estés portando como un crío.
- Mira, yo tengo que estar en el hospital a las 3 y no tengo tiempo ni ganas de seguir discutiendo.
-¡Cobarde!
-Sí, lo soy. A mi esta vida me revuelve el estomago y no quiero cargar sobre mi una responsabilidad que me obligue a vivir más de lo que me venga en gana. Sabes perfectamente que hablo en serio y que no se trata de histerismo, Marian.
-Yo lo que sé es que eso está mal.
- No hay cosas que estén bien ni que estén mal, cada cual satisface sus necesidades, puedes leerlo en cualquier libro.
-¿Y cuales son las nuestras?
- Tú sientes la maldita necesidad de vivir, de estar viva, de seguir viviendo, de dar a luz.
- ¿Y la tuya?
- Yo siento la de estar muerto, completa y definitivamente muerto